jueves, agosto 11, 2005

La isla

Cuenta el director Michael Bay que un día recibió una llamada de Steven Spielberg ofreciéndole el guión de “La isla”. Lo pudo leer en 4 horas y aceptó el reto. Casi se agradece porque así no salen niños pesados en la película. Lo cierto es que resulta muy entretenida, con mucha acción y ritmo trepidante, un blockbuster auténtico de verano y palomitas. La historia, como todo el mundo sabe, trata sobre la clonación. A medio camino entre “La fuga de Logan”, “Cuando el destino nos alcance” y “Coma”, narra la historia de Lincoln Seis Eco (Ewan McGregor) y Jordan Dos Delta (Scarlett Johansson), quienes viven en un lugar perfecto, con muchos otros supervivientes de una exterminadora contaminación global. Su única razón de vivir consiste en optar a ir a “La isla”, un privilegio que se otorga a unos cuantos elegidos mediante una lotería. Sus vidas transcurren bajo el control absoluto de un gran hermano, el doctor Merrick (Sean Bean). Hasta que descubren la verdad…
Atentos porque resulta muy curioso ver tanta publicidad explícita en una misma película. Recuerdo sin mucho esfuerzo haber visto Xbox, Aquafina, MSN, Cadillac, Puma, Calvin Klein, Tag Heuer, Reebok y Nokia. Y seguro que hay algunas firmas más que no identifico.

A destacar también el barco high-tech que etiquetan como “Renovatio”, que existe realmente, el Wallypower 118 un barco que alcanza los 70 nudos (unos 130 km/h) y que vale 25 millones de dólares.
El estilo videoclipero de Bay se nota a la legua, con ese exceso de contrapicados giratorios que marean al personal. Desde luego es inconfundible y tiene estilo propio, eso sí. Solo hay que recordar “La Roca”, “Dos policías rebeldes”, “Pearl Harbor” o “Armaggeddon”.
Sobre el tema de la clonación, pues da que hablar, claro está. Hay referentes cercanos, como una de las últimas películas de Arnold Schwarzenegger: El sexto día. También en novelas hay varias que tratan el tema. Hace un par de años leí “Experimento”, de John Darnton y también toca el tema de una isla criadero de clones. Luego está el “Clones” de Michael Marshall Smith, cuyos derechos compró Spielberg antes de hacerse con el guión de “La isla”.

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Por criticar algo, resulta cuanto menos inverosímil que una parejita de pardillos de ese calibre escapen tan hábilmente de un grupo de experimentados marines más duros que los doce del patíbulo. Sobre la caída del edificio “R” que alguien me explique como se salva uno por una red después de caer a peso 70 pisos. Más que clones parecen ser de goma porque se pegan cada leche y se levantan como si tal cosa. A mí me pegan una patada en la boca, con una porra en los riñones, con un palo de golf en el antebrazo y se me cae un ventilador gigante encima y me da que no me levanto. La escenita de turno en la autopista lanzando ruedas de tren es de lo más espectacular, combina lo mejor de los cacharrazos vistos en otras por el estilo como "Destino Final 2", "Matrix Reloaded" y "Bad Boys II". Y el malo, que va de super doctor maligno con su super ciudad de clones y tiene más fallos de seguridad que un Opel Kadett. Y la aparición de Steve Buscemi que lleva tatuado en la cabeza “voy a morir” desde que aparece por primera vez. Pero bueno, es como en las películas de guerra el que enseña la foto de su mujer y su hijo, ese muere seguro. Para el caso, son detallitos sin importancia. Película para el disfrute visual y no mucho más. Si nos ponemos a criticar no acabaríamos.
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1 comentario:

.:: Abraxas ::. dijo...

Sí que resultó entretenida, simplemente. Es ya la clásica película basada en una sola idea que rellena los 80 minutos restantes de Persecución (sí, con mayúsculas).

El triste caso es que la historia no sólo me traía recuerdos cinematográficos de "La fuga de Logan" (mucho, muchos, y si en lugar de ir todos de blanco Puma van de colorines por tipos es pa pegarle al dire), sino también literarios. Quien se haya leído "Nuevos dioses" del Vázquez-Figueroa, se estará preguntando si el autor no habrá puesto ya la demanda a la productora americana, al igual que uno de los relatos cortos del Señor Orson Scott Card, que era más o menos lo mismo.

En fin, me entretuvo pero no me ha aportado nada, como el Código 46 (vaya tostón de peli).